Dedicado a Adelaida de la Calle, actual rectora de la UMA, con todo mi corazón -máxima ironía- por haber tenido la brillante y majestuosa idea de construir un Aulario de Ciencias de la Comunicación en los aparcamientos de esa misma facultad. ¿Dónde nos metemos los coches? Yo tengo una sugerencia acerca de por dónde se los podría meter usted, pero me abstengo de publicarlo -no vaya a ser que me cueste el dinero, como le ha ocurrido hoy mismo a una compañera y amiga, por no tener un simple hueco donde colocar su vehículo.
Pero claro, existen unas plazas de aparcamiento reservadas para todas las máximas personalidades de esta, nuestra formidable universidad: para los profes, los invitados de honor, para nuestra querida rectora la señora marquesa, etc, etc, etc. ¿Y para los alumnos? Porque como bien se ha comentado hoy entre clase y clase, debería (DEBERÍA) haber un aparcamiento por alumno, suponiendo que nuestra economía nos permitiera acceder en transportes privados a nuestro lugar de martirio, digo de estudio.
Y aclarando la situación, nuestra zona de depósito oficial de transportes a cuatro ruedas barra vehículos, está ocupada por coches de: ciencias de la comunicación, filosofía y letras, educación, los diferentes aularios -inclusive El Zulo, con el que algún día me explayaré del todo-, los distintos trabajadores de la facultad en general, sin contar los días en los que hay congresos, charlas, los dichosos invitados… A lo que también hay que añadir la reducción de aparcamientos por las interminables obras del metro.
Aconsejo a cualquier usuario que intente aparcar de lunes a viernes en horario de clase, y que tarde menos de 20 – 27 minutos. Quizá una vez haya suerte, tal vez incluso dos, pero a la tercera, terminas casi en el McDonals. Y siéntete afortunado/afortunada si te encuentras tu coche al completo y no le falta ningún trozo, o si directamente encuentras tu coche.
Espero que haya sido de su agrado, aunque como sé que no va a llegar nunca hasta este rincón de la inmensidad de la red, espero que se vaya usted a tomar… un cafelito, de parte de todos sus estudiantes, que la adoramos todos, toditos. Un besico, cari.
PDT: Vigile su coche. Consejo. De jodida a jodedora.
“Deja de hacer llorar a tu corazón” recitaban allá por el año 2002 los componentes de una banda británica de rock llamada Oasis. Dos años más tarde se estrenaba The Butterfly Effect -El Efecto Mariposa-, una película protagonizada por un joven Ashton Kutcher donde se puede comprender cómo todas las decisiones tomadas afectan directamente a la vida de cualquier persona. Quizá es, por qué no llamarlo así, ese mismo ‘destino’ el que unió a Oasis y a Eric Bress, escritor y director de esta película, produciendo 113 minutos de verdadero enganche cinematográfico desde el inicio de la primera escena.